Entrevista a Raquel Chan, la mente tras el gen que genera tolerancia a la sequía los cultivos

Ilustración de Raquel Chan

Tal vez, Raquel Chan sea la biotecnóloga más afamada de Latinoamérica. Su descubrimiento y desarrollo del gen HB4 del girasol, que lo hace tolerante a la sequía, ha sido un parte aguas para la comunidad científica y ha dado pistas de cómo la tecnología agrícola y la modificación genética podría ayudar a la humanidad a adaptarse al cambio climático.

Ilustración de Raquel Chan

- Usted es una de las genetistas más destacadas del continente, muy reconocida por el descubrimiento del gen HB4 del girasol, que puede hacer tolerantes a la falta de agua a otros cultivos ¿Qué es la ciencia para Raquel Chan?

La ciencia es hacerse preguntas con base en observaciones y tratar de responderlas utilizando el método científico. No es que uno contesta cualquier cosa, sino que tendrá que hacer los experimentos correspondientes y ver si la hipótesis que planteó frente a la observación es correcta o se refuta. Si es correcta, entonces tendrá que desarrollar una teoría con base en esto. 

Si uno se va al ejemplo de Newton viendo caer la manzana, él hace la observación y se pregunta “¿Por qué la manzana se cae y no queda flotando en el aire?”. Allí elabora una hipótesis y dice que la Tierra atrae a la manzana porque tiene un polo de atracción. Esto no lo demuestra Newton, pero se demuestra mucho tiempo después que, efectivamente, es la atracción del centro de la Tierra la que hace que la manzana se caiga. 

Pero todo nuevo conocimiento está basado en conocimientos previos. Todos vamos a la escuela primaria, aprendemos desde el jardín a hablar, observar, preguntar. Sin ese aprendizaje previo es imposible haber hecho lo que hizo Newton.

- Ha dicho que estudió química porque pensaba que podía explicarlo todo a partir de esta, ¿cómo identificó los límites de la química?

Si hablaras con mi hijo mayor, quien es físico, te diría que después de la química está la física. Yo como entiendo la vigésima parte de las cosas que dice... 

¿Cuáles son los límites de la química? En el caso de los seres humanos y también de las plantas y los animales, hay muchas cuestiones que son ambientales que no dependen de una química y genética pura. Hay gente que dice que "lo tiene en los genes", pero no es tan así, y eso que yo soy genetista. Hay cosas que están en los genes y hay cosas que no, y que son producto de una interacción con el ambiente. El ambiente puede ser una sociedad. 

Hay casos clásicos de gemelos criados en lugares diferentes en la literatura que, aunque tienen información genética idéntica, son muy distintos. Probablemente, no físicamente porque eso sí está en los genes, pues la mayoría de los parámetros físicos sí están determinados en la genética, pero allí no está si la persona va a tener afinidad por esto o por aquello. Una cosa es alguien que se cría en una familia de músicos o artistas, otro en una familia de deportistas y el tercero en una familia pobre: todos van a demostrar habilidades, aptitudes y gustos diferentes. 

En una planta pasa lo mismo. Las plantas también viven en comunidad y compiten por la luz, por nutrientes. Por ejemplo, semillas de maíz hermanas, de la misma vaina, una cosa es sembrarla acá, otra cosa es sembrarla en Chile donde no cae una gota de agua y otra cosa será sembrarla en Colombia. Esto va a dar lugar a tres plantas muy distintas y fenotípicamente, físicamente, van a ser diferentes. 

- ¿Por qué apuntaron a cultivos de soja y trigo para hacer la transgénesis con el gen HB4 y no en otros? ¿Dónde cree que están los límites de su descubrimiento?

La primera respuesta es que tiene que ver con la economía de mi país, pues de las plantas que tienen importancia en mi país está el trigo y la soja. En maíz no tuvimos resultados tan buenos, el maíz ha sido una especie que ha tenido mucho mejoramiento genético clásico, aún sin conocer mucho la cuestión de genes, a lo largo de 30 o 40 años. Entonces es muy difícil mejorarla más.

También es importante el girasol, pero tiene el problema de que es muy difícil que se acepte un transgénico de girasol porque se cruza muy fácil con una maleza silvestre. Entonces si uno encontrara u obtuviera un girasol con mucha tolerancia al estrés por déficit hídrico y esto llegara a cruzarse con la maleza, se estaría fortaleciendo enormemente la maleza. Este es uno de los motivos por los que girasol transgénico no hay en ningún lado. 

Es distinto el tema de trigo, que no es una planta fácil de cruzar con ninguna otra, ni siquiera hermanas del trigo, ni aun estando pegada una planta al lado de la otra. 

Si he de confesar, en el momento en que decidimos, no sabíamos tanto de todo esto. Un poco fue: lo hacemos en los cultivos que son relevantes en Argentina. Es lo que hicimos y es lo que salió. 

No quiere decir que hay límites, hay ensayos en alfalfa. Lo que pasa es que todo esto requiere de muchísimo trabajo y dinero. No puedes abordar tantos proyectos juntos con distintas plantas, porque para una tenés que hacer las transformaciones, las selecciones, la cruza, los ensayos en un montón de lugares del país, la regulatoria... Para eso necesitás empresas gigantes, como ahora es el caso de la empresa a la cual yo me asocié, que era una empresa pequeña. Cuando me asocié era inexistente, ni sede tenía. Entones tampoco se podía hacer todo a la vez, no tanto por la limitación de la tecnología. Tal vez daría para más.

- Usted resalta mucho el trabajo multidisciplinario. ¿Por qué cree que la investigación científica no debería olvidar factores sociales?

Tenemos sociólogos en nuestro grupo, pero van a otro ritmo. Estuvieron mucho tiempo elaborando una encuesta que a ellos los satisficiera sobre cómo hacer la encuesta. Después hay que hacer la encuesta y, a pesar de que nuestros temas parecieran ser más lentos porque requieren de experimentación y del ciclo de vida de las plantas, los sociólogos van atrás nuestro, todavía no han llegado. 

- ¿Cómo percibe la competencia contra la desinformación?

En Argentina el 99% de lo que se siembra es transgénico, porque es soja o maíz transgénico de las multinacionales. Lo que pasa es que los factores son distintos. Por un lado, están las opiniones contrarias a los OGM; por otro lado está el poder de las empresas multinacionales, pues no hay que despreciar el poder del lobby que tienen. 

En los estudios sociológicos que hemos hecho hasta ahora, que no están publicados, la mayoría de la gente ni tiene idea de lo que son los transgénicos concretamente y sus problemas pasan por otro lado. El problema no es el gran público que lo ignora y cuyo problema es saber si va a tener para comer.

Sí hay unos grupos ambientalistas que son minoritarios, si uno toma a toda la sociedad, que tienen importancia. Se los escucha y han ganado cosas, como por ejemplo que en Argentina esté prohibida la cría de salmones, aunque al lado, en Chile, está permitido. Sus argumentos en general van sobre la cuestión de los agroquímicos y promoviendo la agricultura familiar, con la que no estoy en contra.

Lo que creo es que nuestro país no puede vivir de esto, primero, porque hay una parte de la población que vive en ciudades, y en los balcones no veo cómo van a sembrar lo que necesitas para comer. Y hay una cuestión social muy clara: hay una migración del campo a la ciudad y no viceversa. La gente no quiere volver al campo a sembrar, a estar lejos de las escuelas, los hospitales, los recitales de rock y lo que ofrecen las ciudades.

La agricultura familiar puede coexistir perfectamente y todo el que quiera hacerlo debería ser incentivado a hacerla, pero el 80% de las exportaciones del país son de granos.

Veo mucho en estos grupos y leo lo que me dicen, que no tienen una propuesta alternativa. O sea, le pegan a este modelo, lo critican, son terriblemente contestatarios, pero la única contra propuesta que escuché es lo de la agricultura familiar. Y la mayoría de los militantes de estos grupos son citadinos. 

- ¿Cree que es posible garantizar la seguridad alimentaria del planeta sin el uso de la biotecnología?

Lo veo muy difícil. Hay una opción, que es matar a la mitad de la humanidad. Yo no la propondría. La seguridad alimentaria se nutre de dos cosas. Hay una cuestión que es producción de alimentos y que hoy en día tal vez sea suficiente. No hay seguridad alimentaria porque la distribución no es equitativa, como no lo fueron las vacunas. Dentro de 20 años, si la población sigue aumentando, si la medicina mejora nuestras vidas y la gente vive 90 años bien, va a necesitar comer. Ahora mismo tenemos un problema aún con biotecnología, así que sin esta no lo quiero ni imaginar. 

No digo que nuestra tecnología sea la única, habría que hacer mucha más investigación en biotecnología para lograr mayor producción dentro de las fronteras agropecuarias o conseguir que los cultivos tengan mayor valor nutricional, para que lo que produzcamos alcance. Después quedará en manos de nuestros políticos y gobernantes solucionar el problema distributivo. Desde la ciencia no podemos arreglar todo, arreglamos lo que podemos. Nuestra contribución es mejorar la producción en lo que podemos. 

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