Bioseguridad de los transgénicos se define como el conjunto de medidas y acciones requeridas para minimizar los potenciales riesgos que puedan ocurrir cuando se utilizan Organismos Vivos Modificados (OVM), derivados y productos que los contengan.

Mediante el establecimiento de normas, la bioseguridad busca resguardar los intereses públicos y privados, permitiendo solamente la aplicación responsable de la biotecnología para mantener un balance entre la protección de la salud, el ambiente y la biodiversidad, facilitando el comercio y la transferencia de tecnologías.

Diferentes organizaciones internacionales han promovido y fortalecido estos mecanismos, entre ellas, la Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas (FAO), el Codex Alimentarius, organización internacionalmente reconocida para la evaluación de la inocuidad de los alimentos y la seguridad alimentaria y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

¿CÓMO SE ESTUDIA LA BIOSEGURIDAD DE UN TRANSGÉNICO?

Para establecer la bioseguridad de cualquier producto GM se llevan a cabo evaluaciones de riesgo para la salud, para el ambiente y la biodiversidad. Estas evaluaciones de riesgo se llevan a cabo teniendo en cuenta dos criterios esenciales:

Evaluación CASO por CASO y PASO por PASO: Teniendo siempre en cuenta las particularidades de cada región donde se vaya a utilizar el OGM.

Fundamentos científicos sólidos: Todo producto genéticamente modificado, mediante ingeniería genética, es sometido a numerosos análisis que permiten determinar su seguridad para el ambiente y para la salud humana y animal.

Ilustracion cientificos haciendo pruebas

¿CÓMO SE EVALÚAN LOS RIESGOS DE LOS TRANSGÉNICOS?

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) la define como “las medidas para calcular qué daño podría causarse, qué tan probable es que se cause y la escala del daño estimado”.

Su objetivo es enfrentar las incertidumbres y la existencia incompleta de información acerca de un OGM, con el objetivo de que las decisiones que se tomen puedan hacerse en plena consideración de las potenciales consecuencias. La evaluación del riesgo es influenciada por las decisiones políticas, la experiencia individual y la reacción del público.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) la define como “las medidas para calcular qué daño podría causarse, qué tan probable es que se cause y la escala del daño estimado”.

Su objetivo es enfrentar las incertidumbres y la existencia incompleta de información acerca de un OGM, con el objetivo de que las decisiones que se tomen puedan hacerse en plena consideración de las potenciales consecuencias. La evaluación del riesgo es influenciada por las decisiones políticas, la experiencia individual y la reacción del público.

La metodología para efectuar una evaluación de riesgo está consignada en varios documentos – entre ellos el Protocolo de Cartagena – y enumera los pasos necesarios que deben seguirse para identificar potenciales impactos:

  • Identificar potenciales efectos adversos en la salud humana y/o el medio ambiente
  • Calcular la probabilidad de que estos efectos se hagan realidad
  • Evaluar las consecuencias que tendrían los efectos identificados que se hagan realidad (riesgo)
  • Considerar estrategias apropiadas para el manejo del riesgo
  • Calcular el potencial impacto total en el medio ambiente, incluyendo la consideración de impactos potenciales que podrían ser benéficos para la salud humana o el ambiente

EL RIESGO TAMBIÉN SE GESTIONA

La gestión de riesgo es el uso de medidas preventivas para reducir las consecuencias negativas de un riesgo y mantenerlas en un nivel aceptable.

De hecho, las oportunidades para identificar o manejar posibles riegos se pueden encontrar en todo el proceso de desarrollo y pruebas de los OGM.

La importancia de comunicar el riesgo

La evaluación y la gestión del riesgo identifican y minimizan los efectos negativos potenciales que tendría un OGM en la salud humana y el medio ambiente, y son los elementos fundamentales a la hora de decidir si se usa o no un producto biotecnológico.

 

Sin embargo, estas dos medidas técnicas no servirían para que el público conociera y aceptara la biotecnología como una herramienta de mejoramiento de cultivos.

 

Es sólo a través de la comunicación del riesgo que se completa el proceso integral de la bioseguridad.

Objetivos de la comunicación del riesgo

  • Educar al público acerca de la evaluación y la gestión del riesgo realizada a un OGM
  • Informar al público acerca de los riesgos específicos y de las acciones que se llevan a cabo para mitigarlos
  • Mejorar el conocimiento de los comunicadores sobre los valores y las preocupaciones públicas
  • Proporcionar un mecanismo para que el público pueda expresarse
  • Incrementar la confianza y la credibilidad mutua
  • Reducir los conflictos y controversia
  • Promover la transparencia en los procesos regulatorios.
  • En el ejercicio de comunicar sobre biotecnología y bioseguridad uno de los aspectos que presenta gran complejidad es el de superar las percepciones negativas que se encuentran presentes en la opinión pública.

Por esta razón, a través de la experiencia de comunicación a lo largo de los años y de las lecciones aprendidas, surgieron cuatro principios claves para informar sobre los riesgos.

 

Principios de la comunicación del riesgo

  • Aceptar e involucrar al público como un socio legítimo
  • Proveer información suficiente a través de fuentes dignas de crédito
  • Comunicar con honestidad, franqueza y receptividad
  • Comunicar con proactividad